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La Divina Misericordia
(2024)
Hechos
4:32-35

1 Juan 5:1-6

Juan 20: 19-31


“La Divina Misericordia
en la Persona de Jesús”

Después de la Resurrección, Jesús aparece a los discípulos varias veces. Con paciencia consuela sus corazones desanimados. De este modo realiza, después de su resurrección, la “resurrección de los discípulos”. Y ellos, reanimados por Jesús, cambian de vida. Antes, tantas palabras y tantos ejemplos del Señor no habían logrado transformarlos. Ahora sucede algo nuevo. Jesús los vuelve a levantar con la misericordia, y ellos, recibiendo la misericordia, se vuelven capaces de ser misericordiosos. 

Hoy celebramos la fiesta de la Divina Misericordia de Jesús.  La lectura del evangelio nos ayuda a entender mejor el sentido del día.  Vemos a Tomás, uno de los Doce, cuya incredulidad no le permite creer que el Señor vive.  Tomás es un discípulo, hombre bueno que había acompañado a Jesús durante varios años.  El sigue como parte de la pequeña comunidad de discípulos que se necesitan los unos a los otros, después de la tragedia de la muerte de Jesús.  Pero él no entiende como Jesús puede estar vivo, como el Señor puede estar en medio de ellos después de su muerte. 

De repente, pasando ya ocho días, Jesús aparece a los discípulos e invita a Tomás que ponga su dedo en las llagas de su costado.  No sabemos si Tomás lo hizo o no.  Pero tenemos su proclamación de fe, “¡Señor mío y Dios mío!”  La fe de Tomas reconoce a Jesús no solamente como Señor, sino que también como Dios. 

Muchos de nosotros somos como Tomás.  Creemos en Cristo y su poder, pero encontramos difícil creer lo que no hemos visto.  Nunca hemos visto un mundo sin guerra, y no estamos seguros de que la paz se pueda lograr.  Nunca hemos visto un mundo sin pobres, y dudamos que la miseria se pueda extirpar.   Nunca hemos visto una comunidad que se base en compasión y amor, y tenemos miedo de que nunca lo vayamos a ver.  Tal vez nunca hemos tenido confianza con el esposo o un padre, y pensamos que siempre va a ser así.  Y ahora no podemos imaginar un mundo sin virus, sin contaminación, sin miedo de personas enfermas.

Hoy celebramos la presencia de Cristo Resucitado, de Cristo la Divina Misericordia.  Sin embargo, hay tantos de nosotros que vivimos encadenados por la adicción del alcohol, por la depresión, por la alienación, por un espíritu aplastado, por el abuso domestico, por la falta de autoestima, o por cualquier otra cadena.  Vivimos con las puertas cerradas, como los discípulos, con miedo.  Sí creemos, pero no es todavía una fe que nos sostiene y nos lleva a la libertad de sentirnos hijos e hijas de Dios.

El relato del Evangelio de hoy día nos dice que Jesús puede aparecer en medio de nuestra vida, a pesar de que nuestras puertas están cerradas y tengamos miedo.  Cristo viene, y sus palabras son “La paz esté con ustedes.”  Él nos dice: “Estoy aquí.  Pueden dejar su miedo, su autoprotección, y su duda.  Yo, que he destruido la muerte, puedo destruir también sus muertes pequeñas de la vida.  Tengan confianza.  Yo soy la Divina Misericordia.”
 


"Sr. Kathleen Maire, OSF"  <KathleenEMaire@gmail.com>


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