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III Domingo |
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III DOMINGO
1/25/2026
(Consulte el Archivo para ver reflexiones pasadas y futuras.)
Isaías 8: 23- 9:3; Corintios 1: 10-13, 17; Mateo: 4: 12-23
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III Domingo (A)
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III Domingo Ordinario (A)
1/25/2026
Isaías 8: 23- 9:3; Corintios 1: 10-13, 17; Mateo: 4: 12-23
“Dios Necesita nuestros Pies, Manos, Ojos, y todo Nuestro Ser”
El Evangelio de hoy parece como algo de un drama. Juan estaba en la cárcel. Jesús se dio cuenta de que tenía que salir de su pueblo. Se fue a vivir a Cafarnaúm, al lado del lago, un lugar hermoso y tranquilo. Y de repente, la gente no escucha la voz de Juan el Bautista, sino la voz de Jesús mismo, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos.” Es un nuevo momento en la historia de la salvación, y Jesús entró para aceptar su papel de profeta.
Ahora Jesús entra plenamente en su misión, la proclamación del Reino de Dios. Este Reino es distinto de lo que pensaban los judíos de antes. Es un Reino basado en la fidelidad a Dios, revelado no solamente en la ley, sino en la vida humana: en las necesidades de la gente pobre, en la situación de los oprimidos, en el sufrimiento de los excluidos, y en el hambre del corazón de cada persona. Jesús se da cuenta que para aceptar esta visión del Reino, la persona tendría de dejar su manera de pensar y aceptar un mensaje nuevo. Este cambio no iba a ser fácil, porque la persona humana está atada a lo que aprendió como niño, especialmente en asuntos de la religión.
Es importante ver que desde el principio de su vida pública, Jesús sabía que no podia andar solo. El necesitaría un equipo de personas para que lo acompañaran, aprender, y de ser testigos de la Buena Nueva que iba a proclamar. Este equipo tendría que ser compuesto de individuos con la mente abierta y el corazón listo para aceptar lo nuevo. Entonces, Jesús no fue donde había gente piadosa y pegada a sus ideas. No fue donde los sacerdotes, los fariseos, y los escribas. Seguro que había hombres buenos entre ellos, pero Jesús no los escogió a ellos. Más bien, buscó seguidores entre la gente sencilla que tendría menos dificultad en aceptar la novedad de su mensaje. Fue donde la gente que vivia cerca de las realidades de la mayoría del poblado. Fue donde había hombres trabajando para ganarse la vida, y encontró pescadores y otros de buen corazón.
Me parece que esto es el ejemplo que tenemos que seguir hoy. Cada cristiano tiene que ver que por medio de su bautismo, está invitado a participar en el anuncio de la Buena Nueva. El papel de los sacerdotes, de los maestros de la religión, de los oficiales de la Iglesia es enseñar y dirigir. Pero hay muchos aspectos de la misión de Jesús. Y la cada uno tiene un papel importante en el anuncio a la gente que tal vez nunca se acerca a la Iglesia. Hay miles de pobres que no se sienten bienvenidos en la Iglesia. Hay miles de oprimidos y excluidos que tiene necesidad del aliento de la Sagrada Escritura, pero no pueden encontrarla en la Iglesia. Pero cada uno de nosotros tenemos acceso a esta gente y podemos compartir la compasión de Jesús por medio de nuestras palabras y acciones.
¡Qué privilegio más grande tenemos nosotros! Jesús nos tiene confianza no por nuestra posición de importancia, ni por el nivel de enseñanza que tenemos. Jesús nos entrega la responsabilidad de su misión no porque nacimos en una clase alta o rica, sino porque él necesita gente sencilla que tiene la capacidad de andar entre los pobres y reconocerles como hijas e hijos de Dios. Jesús nos invita a que le sigamos no por nuestra santidad, sino porque él vino para anunciar el Reino y no lo puede hacer solo. Somos parte integral de su misión. Demos Gracias.
Sr.
Kathleen Maire OSF <KathleenEMaire@gmail.com>(Las últimas siempre aparecen primero).
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