I Domingo de Adviento (ciclo A)

27 de Noviembre de 2022

Lecturas: Isaías 2, 1-5 / Salmo 121 /
Romanos 13, 11-14ª / Mateo 24, 37-44


 

Más que un llamado a nuestra atención, las palabras de Jesus nos vienen como una advertencia: “Por eso, estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan” (Mateo 24, 44).¹ En la segunda lectura, san Pablo nos habla en una manera semejante: “Comprendan en qué tiempo estamos, y que ya es hora de despertar. Nuestra salvación está ahora más cerca que cuando llegamos a la fe. 12 La noche va muy avanzada y está cerca el día: dejemos, pues, las obras propias de la oscuridad y revistámonos de una coraza de luz” (Romanos 13, 11-12).²

 

Claro que estas palabras sagradas llevan una advertencia, pero hay mucho más. Seguir a Jesucristo no se trata de tener miedo de él sino en poner nuestra esperanza en él.

 

La lección de las dos lecturas nos enseña el significado de estar en relación con Jesucristo. Estar preparado y despertar del sueño son aspectos de la esperanza, de esperar por alguien que amamos y anhelamos…. Cristo.

 

El amor y no el miedo debe ser el fundamento de nuestra vigilancia. Anhelar…. Esperar por una persona amada cuya presencia anhelamos y esperamos. En Cristo, se trata de anhelar y esperar por él que viene con su misericordia y poder sanador. En verdad, se trata de esperar y buscar por él que siempre nos acompaña.

 

La vigilancia fundamentada en el amor significa que estar preparado y despierto debe surgir de una confianza en Dios y una esperanza actualizada por la búsqueda de su presencia entre nosotros. Santiago Apóstol nos recuerda de una verdad sencilla: “Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes” (Santiago 4, 8ª).³

 

Jesucristo nunca viene para asustarnos. Si nos asustamos o si su venida o su presencia nos toma por sorpresa, es porque hemos perdido el contacto con él y que hemos olvidado espiritualmente nuestros seres queridos y que nos hemos distanciado de los demás. Fíjense que Jesucristo nos viene todos los días y siempre está a nuestro lado y en el rostro del prójimo.

 

No importa si lo olvidamos, él siempre se acuerda de nosotros y siempre nos acompaña. A él no le interesa asustarnos nunca. Cristo es la Verdad en Persona. La Verdad nunca se esconde. Su luz siempre brilla y siempre sirve a sanarnos e iluminar nuestra mente.


Entonces, ¿Como podemos estar más preparados a recibir a Cristo? La mejor manera de estar preparado es ser misericordioso. Como nos exhorta el papa Francisco, “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre.”
Jesucristo es “la misericordia en persona.”

 

Si somos misericordiosos, lo encontraremos a Jesucristo; si somos misericordiosos, seremos las manos y los pies de Cristo en el mundo. Así Jesucristo está y estaré con nosotros siempre. Que nuestra voluntad de seguirlo y amar y servir a los demás sea el anuncio de la venida del Señor. Así estaremos preparados.

 

Paz y bien,

P. fray Charles Johnson, OP <cjohnson@opsouth.org>