XIII Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C)
26 de junio de 2022

Lecturas: 1 Reyes 19, 16b. 19-21 / Salmo 15 / Gálatas 5, 1. 13-18 / Lucas 9, 51-62


 

Hace doce años durante mi experiencia misionera en Guayaquil del Ecuador, una congregación religiosa me invito a dirigir un retiro para la comunidad con varias conferencias sobre la vida espiritual. Una de las charlas tuvo el siguiente tema: “Haciendo los pasos hacia la liberación espiritual – los pasos hacia Cristo y con él y el prójimo.” Al explicar el retiro a mis familiares en mi país natal y con una forma distinta de pensar sobre temas semejantes, me preguntaron, “Porque ha utilizado el termino, ‘la liberación’”? Otro hizo el comentario, “¡Parece un poco revolucionario!”

 

“Tranquilos,” les respondí, “a veces es necesario pensar en la conversión y la transformación personal como una revolución. No hay que tener miedo del término, la liberación, y su pleno significado.” La vida cristiana nos llama a seguir los pasos de Jesucristo, pasos hacia la paz y la justicia. Y nos recuerda que los pasos no obedecen a nuestra forma de pensar u opiniones políticas sino a las exigencias del evangelio.

 

Es espiritualmente necesario y saludable preguntarnos, “¿Será necesario la liberación, pero en mi propia vida? ¿Soy libre? ¿Será que necesito una revolución en mi forma de pensar y manera de actuar?” En la segunda lectura de hoy, san Pablo tiene mucha razón y nos ayuda a responder a estas preguntas:

 

Hermanos: Cristo nos ha liberado para que seamos libres. Conserven, pues, la libertad y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud. Su vocación, hermanos, es la libertad. Pero cuiden de no tomarla como pretexto para satisfacer su egoísmo; antes bien, háganse servidores los unos de los otros por amor. Porque toda la ley se resume en un solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pues si ustedes se muerden y devoran mutuamente, acabarán por destruirse (Gálatas 5, 1. 13-15). ¹

 

La libertad, la liberación, ser libres y liberados: son términos frecuentemente malentendidos y manipulados. Quizá la gran mentira de la modernidad es hacernos pensar que la libertad consiste en conseguir la libre capacidad de hacer lo que nos da la gana y lo que nos complace pero sin límites y sin obstáculos.

 

Al mismo tiempo enfrentamos y experimentamos muchos placeres y opciones que parecen satisfacernos, pero al final nos oprimen y nos esclavicen y que atentan contra nuestra verdadera libertad. Si no existen dentro de nosotros suficiente fuerza del bien y capacidad de mirar más allá de nuestros deseos y si no hacemos un espacio en nuestra vida para Cristo y las necesidades de los demás, lo que pensamos como la receta de la felicidad y satisfacción tarde o temprano se convierte en lo que nos domina y nos manda.

 

El primer paso hacia la libertad es reconocer su fuente – Jesucristo - y confiar plenamente que él es capaz y dispuesto de brindarnos la libertad. Además, por conocernos él sabe cómo es que hemos caído esclavizados y como necesitamos ser levantados y liberados. Otro paso importante es reconocer y enfrentar lo que nos ha impedido y que los obstáculos pueden ser internos y externos.

 

Otra mentira de la modernidad y en verdad de todos los tiempos es hacernos pensar que la libertad es algo de poseer y que solo existe en cuantidades limitadas. Nuevamente, Dios nos invita a otra forma de pensar y vivir, nos invita a la vida en abundancia como fruto de haber encontrado y seguido a Jesucristo. Las palabras de Jesús en el capítulo diez del evangelio según san Juan nos enseñan el proceder de Dios y su disposición generosa: “El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir, mientras que yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud” (Juan 10, 10). ²

 

En la reconocida obra espiritual, El Abandono a la Divina Providencia, padre Jean-Pierre Caussade nos recuerda, “Sin Dios, todo es nada y con El nada es todo.” ³ Con la ayuda de Dios podemos reconocer la auténtica riqueza que existe en cada persona y en cada momento no por aferrarse a lo que codiciamos sino por reconocer como es que Cristo busca estar presente por medio de nuestra voluntad de servirlo y al prójimo.

 

Donde y cuando el mundo menos nos ofrece la libertad Jesucristo nos invita encontrar y experimentarla pues no se trata de algo de tomar y acumular sino una bendición que se abunda al ser compartido y una responsabilidad que se fortalece al ser ejercido prudentemente.

 

Paz y bien,

P. fray Charles Johnson, OP.

 

Obras citadas:

¹ https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/062622.cfm

² https://www.sanpablo.es/biblia-latinoamericana/la-biblia/nuevo-testamento/evangelio-segun-juan/10

³ Capitulo 1, #6

 

"Charlie Johnson OP" <cjohnson@opsouth.org>