IV Domingo de Pascua [Ciclo C]

8 de mayo, 2022

Hechos 13:14, 43-52 | Salmo 100 (99) | Apocalipsis 7:9, 14b-17 | Juan 10:27-30

 

Del Apocalipsis del apóstol san Juan:

“Dios enjuagará de sus ojos toda lágrima.”

 

Reflexión por Fray Carlos Salas, OP:

Mi ropa se ensucia cada vez que una gota de sangre la toca. No sucede muy seguido, claro, mas es inevitable. A veces sangro cuando me afeito la cara y una simple gota de sangre deja una mancha en mi hábito blanco que es notable para los demás y para mi. Esa es nuestra experiencia terrestre, en la que la sangre deja manchas por donde pasa. Sin embargo, la experiencia celeste es distinta. Ya nos lo cuenta el apóstol san Juan en el libro del Apocalipsis: Aquellos junto al trono “han lavado y blanqueado su túnica con la sangre del Cordero.” Es una sangre que no ensucia, sino que limpia. Esta no es una sangre cualquiera, pero es la sangre de Dios que fue derramada voluntariamente para limpiarnos de todo pecado. Es por eso por lo que el hábito que uso, un hábito blanco, nos sirve como un signo del Reino de Dios. Es un recordatorio en la tierra de que aquí solo estamos de camino y que nuestro destino es el cielo donde Dios mismo se ofreció como el cordero sin defecto para nuestra salvación.

Participamos en este sacrificio en cada celebración Eucarística. Nos ofrecemos en oración junto con el sacerdote al participar conscientemente en las oraciones. Esta oración nos lleva a entregarnos también a los más necesitados. Ser un cristiano es entregarse a compartir lo que Dios ha hecho por cada uno de nosotros incluso hasta ser ridiculizados o martirizados. “Bienaventurados serán cuando los injurien y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa.” (Mt 5:11) Es así como la visión de san Juan cobra sentido, las vestimentas de los ancianos fueron blanqueadas porque “son los que han pasado por la gran persecución.”

Los apóstoles no huían de compartir lo que experimentaron. Al contrario, lo llevaron incluso a los que otros nunca pensaron compartir este mensaje, con los paganos. Este mensaje de salvación es para todos. Es para los que crecimos católicos toda nuestra vida. Es para quienes han dejado de practicar la fe. Es para los que han rechazado creencia en Dios o en la validez de la Iglesia. Es para los que nunca han escuchado la verdad, Jesucristo. Es para aquella persona que parece que nada le cae bien, o que nada le hace feliz. Todos buscamos la voz del Pastor. Es una voz que se confunde en un mundo con tanto ruido. Es muy difícil separarla del mundo cuando vivimos en el mundo, pero si nos dejamos guiar por la Iglesia, escucharemos la voz del Buen Pastor que nos da la vida eterna. Es Ése, el Buen Pastor, que nos guía por su voz y que también se ofrece como sacrificio para que nosotros no suframos la muerte eterna. Es en su Sangre preciosa que nuestras vestimentas son blanqueadas. Seguirlo nos puede llevar a derramar nuestra propia sangre, tal vez en martirio, o de manera interna al sufrir el rechazo terrestre. Nos consolamos en saber que los que moran en el consuelo terrestre han recibido su paga, pero los que sufren en esta vida a causa de Jesucristo, “ya no sufrirán hambre ni sed… porque el Cordero, que está en el trono, será su pastor.”

Algo en que pensar:

·       ¿Evito hablar de mi salvador, Jesucristo, para mantener la paz a toda costa en cada ocasión?

·       ¿Reconozco la voz del Buen Pastor, o la confundo con otras voces de mi interior que desean que haga mi propia voluntad?

God bless,

Br. Carlos Salas, OP
Student Friar
St. Dominic Priory | St. Louis, MO.
Province of St. Martin de Porres (Southern USA)