5.02.2021

V Domingo de Pascua

Hechos 9: 26-31

1 Juan 3: 18-24

Juan 15: 1-8


 

La primera lectura hoy nos enseña una comunidad en proceso de hacer una decisión difícil- aceptar a San Pablo o protegerse de alguien que había perseguido a los nuevos seguidores de Jesús.  La comunidad cristiana en Jerusalén sabía que Pablo había hecho todo lo posible para eliminar a esta pequeña secta y tuvo bien difícil creer que él es había convertido en discípulo.  Era solamente con el testimonio de Bernabé que le aceptaron.  Poco después, al ver que Pablo estaba en peligro por causa de su predicación, ellos trabajaron para sacarle de Jerusalén and le mandaron a Tarso. 

 

Esta comunidad es algo extraordinaria.  Este pequeño grupo no solamente era listo a perdonar a Pablo, sino de aceptarle como una parte integral, haciendo sacrificios por su bien.  Es una comunidad que había aprendido una lección importante de las enseñanzas de Jesús.  Para seguir a Cristo, ellos tendrían que perdonar y recibir a los hijos pródigos.   Como dice la segunda lectura, “No amemos solamente de palabra; amemos de verdad y con las obras”.

 

No es una cosa fácil perdonar.  A pesar de la parábola del hijo prodigo, muchos encuentran casi imposible perdonar a los que han pecado públicamente o han hecho algo contra su misma persona.  Muchas familias quedan divididas por causa de un insulto o una acción que tal vez ocurrió hace años.  Muchos cristianos proclaman que no hay justicia sin la pena de muerte por crímenes crueles.  Parece que hay algo en nuestra naturaleza que quiere ver sufrir a alguien que nos ha hecho mal.

 

Pero aquí en la lectura vemos la presencia de Cristo Resucitado.  Es una comunidad que hizo esta decisión difícil porque se dieron cuenta de la Resurrección.  Como se explica en la parábola de la vid, la vida de Jesús surge en la vida de los cristianos.  Ellos son capaces de actuar como Jesús, que siempre reflejó el amor de su Padre.  Si el Padre pudo perdonar, entonces los cristianos pueden perdonar.  Si el Padre demuestra su amor sin límites a los pecadores, entonces los cristianos pueden demostrar esta misma clase de amor.  Si el Padre reconoce a todos como sus hijos e hijas, entonces, los cristianos pueden reconocer a todos como hermanos y hermanas. 

 

Las palabras de la parábola están claras y fuertes.  Los sarmientos, nosotros, tenemos que dar fruto en abundancia.  Si no, no sirvamos para nada y solo vale ser arrojado al fuego.  Tenemos que dar evidencia de nuestra relación con Jesús, El fruto de nuestras vidas tiene que ser manifestado en compasión, generosidad, sacrificio por otros, perdón y aceptación de otros, mismos los que no comparten nuestra tradición. 

 

Creo que somos todavía una comunidad en proceso de hacer decisiones difíciles.  Con cada época vienen nuevas situaciones y circunstancias.  Pensamos en la inmigración, los refugiados, los criminales que salen de la cárcel, los que sufren de enfermedades mentales, y mil otros casos.  En nuestros días, enfrentamos casos bien difíciles incluyendo los de la policía.  Como respondemos a los desafíos de estos grupos depende de cómo entendemos la Resurrección.   La pregunta clave es si la vida de Jesús está evidenciada por nuestras acciones hoy en día.

 

Las ultimas palabras del Evangelio suenen en nuestro corazón.  “La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”.