Divina Misericordia

04/24/2022

Hechos 5:12-16

Apocalipsis 1:9-11, 12-13, 17-19

Juan 20: 19-31

“La Divina Misericordia en la Persona de Jesús” 


Hoy domingo, tenemos la alegría de honrar a Jesús bajo el título de la Divina Misericordia.  Esta devoción se comenzó a fomentar por el mundo entero a partir del diario personal de una joven monja polaca en 1930.  Claro que el mensaje no es nada nuevo: Dios nos ama a todos, no importa cuán grande sean nuestras faltas.  La celebración nos llama a reconocer que la misericordia de Dios es más grande que nuestros pecados. Por eso, tenemos que acercarnos con confianza, seguros de encontrar el perdón.  Es una fiesta de ternura que nos asegura que el amor ilimitado de Dios es para todos, hasta los más pecadores.  

El Papa San Juan Pablo II dedicó este segundo domingo de la Pascua para su celebración cada año.  La lectura del evangelio nos ayuda a entender mejor el sentido del día.  Vemos a Tomás, uno de los Doce, cuya incredulidad no le permite creer que el Señor vive.  Tomás es un discípulo, hombre bueno que había acompañado a Jesús durante varios años.  El sigue como parte de la pequeña comunidad de discípulos que se necesitan los unos a los otros, después de la tragedia de la muerte de Jesús.  Pero él no entiende como Jesús puede estar vivo, como el Señor puede estar en medio de ellos después de su muerte. 

De repente, pasando ya ocho días, Jesús aparece a los dicipulos e invita a Tomás que ponga su dedo en las llagas de su costado.  No sabemos si Tomás lo hizo o no.  Pero tenemos su proclamación de fe, “¡Señor mío y Dios mío!”  La fe de Tomas reconoce a Jesús no solamente como Señor, sino que también como Dios. 

Muchos de nosotros somos como Tomás.  Creemos en Cristo y su poder, pero encontramos difícil creer lo que no hemos visto.  Nunca hemos visto un mundo sin guerra, y no estamos seguros de que la paz se pueda lograr.  Nunca hemos visto un mundo sin pobres, y dudamos que la miseria se pueda extirpar.   Nunca hemos visto una comunidad que se base en compasión y amor, y tenemos miedo de que nunca lo vayamos a ver.  Tal vez nunca hemos tenido confianza con el esposo o un padre, y pensamos que siempre va a ser así.  Y ahora no podemos imaginar un mundo sin virus, sin contaminación, sin miedo de personas enfermas.

Hoy celebramos la presencia de Cristo Resucitado, de Cristo la Divina Misericordia.  Sin embargo, hay tantos de nosotros que vivimos encadenados por la adicción del alcohol, por la depresión, por la alienación, por un espíritu aplastado, por el abuso domestico, por la falta de autoestima, o por cualquier otra cadena.  Vivimos con las puertas cerradas, como los discípulos, con miedo.  Sí creemos, pero no es todavía una fe que nos sostiene y nos lleva a la libertad de sentirnos hijos e hijas de Dios.

El relato del Evangelio de hoy día nos dice que Jesús puede aparecer en medio de nuestra vida, a pesar de que nuestras puertas están cerradas y tengamos miedo.  Cristo viene, y sus palabras son “La paz esté con ustedes.”  Él nos dice: “Estoy aquí.  Pueden dejar su miedo, su autoprotección, y su duda.  Yo, que he destruido la muerte, puedo destruir también sus muertes pequeñas de la vida.  Tengan confianza.  Yo soy la Divina Misericordia.”


"Sr. Kathleen Maire, OSF"  <KathleenEMaire@gmail.com>