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LA asunción

8/15/2021

Apocalipsis  11, 19; 12: 1-6, 10

1 Corintios 15, 20-27

Lucas 1: 39-56


 

las

la

Asunción

(B)

La Iglesia pone tanta importancia de esta fiesta de la Virgen que interrumpe la secuencia de los domingos del tiempo ordinario.   Hoy estamos invitados no solamente a pensar en el misterio de la Virgen en los cielos, sino también en la santidad de su vida como persona humana.  Ella había sido invitada a dar su sangre y carne al niño Jesús.   En el hecho de la Encarnación, María ofreció su cuerpo como el primer tabernáculo de la Secunda persona de la Trinidad.  Dios se hizo carne en el cuerpo de María.

 

Esta fiesta de la Asunción de la Virgen María nos enseña algo básico de la religión católica.  Nos enseña que el cuerpo humano es algo precioso, un don de Dios que no se pierde al momento de la muerte.  A veces oímos a gente que dicen que después de la muerte, la persona vive como puro espíritu, como un ángel.  Pero esto no es verdad.  Dios nos ha hecho cuerpo y espíritu, y los dos seguirán en la eternidad. 

 

Sabemos que después de su muerte, Jesús resucitó, con un cuerpo transformado y diferente, pero un cuerpo de carne.  El se veía caminando a la orilla del mar, preparando comida para los discípulos, comiendo con ellos, y caminando con los discípulos en el camino de Emaús.  Jesús pudo pasar por las paredes de un cuarto cerrado, pero ofreció sus manos a Tomas para que las tocara.  Jesús resucitó cuerpo y espíritu, y ascendió al cielo con su cuerpo también.  Su cuerpo era sagrado, durante su vida y después de su muerte y resurrección. 

 

Sabemos que la Santísima Virgen María es un reflejo de su hijo Jesús.  Como dice las palabras del Evangelio, “Mi alma alaba la grandeza del Señor;  mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.”  Jesús tomó su cuerpo humano del carne y la sangre de su madre.  El cuerpo de María era sagrado también y compartió la misma gloria de su hijo.  Después de su muerte, el cuerpo de María compartió el destino de Jesús, asumido al cielo.  Ella no existe hoy como un espíritu puro, sino que vive en la presencia de Dios, como persona humana, cuerpo y espíritu.

 

María era la primera y más grande discípulo de Jesús.  Su cuerpo esta transformado, como el cuerpo de Jesús, con la fuerza y vigor de su juventud y la sabiduría de su vejez.  Ella sigue haciendo lo que hizo durante su vida, enseñándonos a conocer y amar a Dios.  Ella sirve como ejemplo.  Su vida de fidelidad y servicio le llevo a los cielos, cuerpo y alma.  Nosotros también, después de una vida de fidelidad y servicio, estaremos juntos con Jesús, cuerpo y alma.

 


"Sr. Kathleen Maire, OSF"  <KathleenEMaire@gmail.com>


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