Preacher

Exchange

VI DOMINGO

Por favor apoye la misión de
los Frailes Dominicos.

HOME
FIRST IMPRESSIONS
1st Impressions CD's
Stories Seldom Heard
Faith Book
General Intercessions
Volume II
Come and See!
Homilías Dominicales
Palabras para Domingo
Catholic Women Preach
Homilias Breves
Daily Reflections
Daily Homilette
Daily Preaching
Face to Face
Announcements
Book Reviews
Justice Preaching
Dominican Preaching
Preaching Essay
Quotable
Archives
The Author
Resources
Donations

 

 

VI

DOMINGO

(B)

HOGAR


Homilías
Dominicales


Palabras
para
Domingo


Homilías
Breves

VI DOMINGO

02.11.2024

Levíticos 13: 1-2, 44-46

Corintios 10:31-11:1

Marcos 1: 40-45


 

Al escuchar la primera lectura acerca de los que sufrían de enfermedades de la piel, seguro que pensamos que esta regla era muy cruel.  Especialmente ahora que sabemos que mucha de la gente sufría de enfermedades que no eran contagiosas, pero estos pobres tenían que sufrir este castigo al momento cuando más necesitaban él apoya de la familia y de la comunidad.  A pesar de su apariencia, la ley tenía la intención de proteger a la comunidad, y con la poca ciencia del día, se consideraba como necesario por el bien común. 

 

Lo que vemos en el antiguo trato de los leprosos era el papel de miedo.  La gente sana tuvo terror a la idea de contagiarse y causar semejante sufrimiento para sí mismo y para la familia.  En la mentalidad del día, esta enfermedad estaba intrínsecamente asociada con el pecado y el enfermo estaba considerado como pecador.  No podía esperar de nadie ni la compasión ni la comprensión.  Vivía complemente aislado de la sociedad sana, sufriendo espiritual, psicológica y físicamente. 

 

La vida de los leprosos era deplorable, y más que todo, ellos querían librarse de la cadena de esta enfermedad.  Parece que la fama de Jesús había llegada hasta el lugar de los leprosos.  En su desesperación, este leproso se atrevía acercarse a Jesús y pedir una curación.  Vemos su fe, “Si tú quiere, puedes curarme.”  La reacción de Jesús era contraria a la reacción esperada.  Jesús vio la humanidad del hombre y le extendió la mano y lo tocó.  Seguro conmovido por compasión, Jesús le miró y le dijo, “¡Sí quiero!  Sana” Era un momento de intimidad entre dos personas unidas por el sufrimiento del leproso y la compasión de Jesús. 

 

Hoy en día, pensamos que hemos dejado las practicas crueles del pasado- por ejemplo, tratar a los enfermos con fuego y veneno, condenar a los con enfermedades mentales a instituciones de tortura, la separación de gente  con tuberculosis, cárceles para los pobres que tenías deudas y la tortura de los llamados enemigos.  Sin embargo, sufrimos a veces de la misma enfermedad de miedo- y actuamos en maneras crueles como resultado.  Pensamos en el sentido de miedo que nos agarró cuando aprendemos de SIDA.

 

Tenemos nuestros prejuicios basados sobre ignorancia y miedo.  Nos sentimos incómodos en presencia de un ciego, o unos sordos que hablan con sus manos.  No sabemos qué decir a una mujer recién dejada viuda, o a una madre con un hijo en la cárcel.  En un restaurante, nos quedamos molestos con una familia que había llevado a un hijo con condición mental que causa ruido.  A veces padres no quieren que sus hijos jueguen con un niño de familia de homosexuales o un joven que se duda de su sexualidad.  Otros nos quedamos sospechosos de familias que hablan otro idioma en la casa, o que tienen música y comida distinta.  Es el miedo de lo que no entendemos que causa nuestra incomodidad. 

 

En el Evangelio, Jesús no se deja distraer ni por el miedo ni por costumbre.  El veía la humanidad de la persona, especialmente si estaba sufriendo, y respondió como hermano.  Es el ejemplo que tenemos que seguir si queremos vivir como seguidores de Cristo, que compartió nuestra humanidad en toda su gloria y debilidad.


"Sr. Kathleen Maire  OSF"  <KathleenEMaire@gmail.com>


PALABRAS PARA DOMINGO ARCHIVO

VI DOMINGO I CUARESMA II CUARESMA III CUARESMA IV CUARESMA