Estimados lectores,

 

Ya se acerca la conclusión del tiempo pascual, lo cual podemos imaginar fue un tiempo de mucho gozo y movimiento para los primeros discípulos. Además, es posible comprender que ellos no tenían tiempo de llorar y lamentar lo que había sucedido en la vida en especial los últimos momentos en la vida de Jesús. Con su resurrección, todo había cambiado para bien y para la Gloria de Dios. Aunque sea un acontecimiento singular e importante en la vida de Jesucristo, la Ascensión del Señor al cielo forma parte de una cadena, de la obra magna de Jesucristo de llevar a cabo la redención de la humanidad e incluirnos en su obra y, en especial, su vida.

 

Paz y bien,

 

Padre fray Charlie

 


La Ascensión del Señor (año A)

Lecturas: Hechos 1, 1-11 / Salmo 46 / Efesios 1, 17-23 / Mateo 28, 16-20

 

¿Cómo saber el momento de enfrentar el reto y comenzar una misión que ha preparado iniciar? Llegará el tiempo cuando nuestra madurez debe ser suficiente para asumir las responsabilidades que nos esperan y marchar adelante; es decir, vivir la vida que Dios nos ha dado.

 

Parece que el significado doctrinal es el aspecto de la ascensión del Señor Jesús al cielo que recibe la mayor atención. No obstante, en la lectura de la conclusión del evangelio según san Mateo, Jesús se preocupa más por la misión que ha encomendado a los once discípulos al concluir su estadía en la tierra. Además de llamarlos a la misión, Jesucristo manifiesta mucha confianza de que están listos de comenzarla y les promete su acompañamiento constante. Es como la ascensión es la oportunidad de Cristo de instarlos, “¡Ha llegado el momento de ser discípulos maduros!” 

 

Todo lo que Cristo ha dicho y hecho en su vida terrena y compartido con ellos forma el contexto de aquel momento: su vida, ejemplo, pasión, muerte y resurrección. Como los demás pasos y acontecimientos en la vida de Jesús la ascensión hace visible su amor y preocupación por los discípulos y todos que se comprometen a seguirlo.

 

Ser incluido en sus planes, participar en su misión y ser invitado a una relación profunda – unión – con él es lo que nos ofrece el Señor Jesús. Podemos ver en la ascensión de Jesucristo un momento visible y temporal que nos revela la eternidad como su destino y nuestro y como fruto de haber vivido y seguido su camino en la tierra.

 

La Ascensión del Señor solo puede ser comprendido por primero experimentar y regocijar en su resurrección, la cual puso fin a un capitulo triste – la pasión y la muerte de Jesús – seguido por el gozo de ver Jesucristo Resucitado. Ésta experiencia de gozo les convenció del acompañamiento continuo que el Señor Jesús les había demostrado y prometido, pero de una manera nueva y distinta. Con semejante trasfondo, no podían considerar ver Jesucristo subir al cielo como una despedida final.

 

Dando testimonio de la resurrección del Señor Jesús fue la misión de los primeros discípulos que el mismo les había dado. Al parecer, ellos no daban testimonio de la Ascensión, la cual fue un acontecimiento entendido. La Resurrección fue el acontecimiento, el contenido de su proclamación; mientras tanto la Ascensión fue el destino de Jesucristo y la culminación de lo que había acontecido.

 
El Papa emérito Benedicto XVI resalta que el gozo guardado por los discípulos y el celo apostólico demuestran que estuvieron convencidos de una presencia nueva, actualizada y permanente de Jesucristo en medio de ellos después de haber ascendido al Reino Celestial.

 

Los discípulos descubrieron que las palabras de Jesucristo, “Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo,” fueron más que suficientes para darles confianza y fuerza y para no pensar que Jesucristo les había abandonado. 

 

Más que recibir un consuelo, los discípulos recibieron un nuevo horizonte, una nueva misión que el Señor les había encomendado. El amor de Dios que Cristo hizo visible y actualizó no fue un acontecimiento secreto mucho menos un privilegio exclusivo sino un tesoro que debe ser compartido, la invitación a una nueva vida haciendo presente el mensaje de Jesucristo que él les había dado y por ellos a toda la humanidad. Difícil es la misión de predicar la Buena Nueva de Jesucristo pero dichosa y bendecida es la persona que la tiene como propósito de vida y fruto de gozar y compartir.

 

Padre fray Charles Johnson, O.P. - <cjohnson@opsouth.org>