IV Domingo de Cuaresma – A

03/22/2020

Lecturas: I Samuel 16: 1.6-7. 10-13 / Salmo 22 / Efesios 5, 8-14 / Juan 9, 1-41

 

Es obvio que el protagonista del Evangelio según san Juan es Jesucristo mismo. Sin embargo, entre los cuatro evangelios es san Juan que nos presenta algunos personajes importantes que sirven como coprotagonistas para que los distintos episodios tomen la forma necesaria de ser lecciones claves del mensaje del Señor. Entre ellos tenemos Nicodemo, la Samaritana y en la lectura de hoy, el hombre ciego de nacimiento.

 

Además, las páginas de los cuatro evangelios están llenas de relatos de personas saliendo curados y de personas experimentando grandes cambios positivos en la vida gracias a la compasión del Señor Jesús. Pero son menos los que hicieron caso a Jesús; son menos que agradecen al Sanador y mucho menos los que como resultado se comprometen a seguirlo por el camino.

 

En la lectura del evangelio según san Juan escuchamos un ejemplo distinto y llamativo: el hombre ciego de nacimiento. Se trata de una verdadera historia de fe y perseverancia. En su experiencia de ser curado y en los acontecimientos posteriores, aquel hombre tiene más que un papel sino se presenta como un verdadero ejemplar de fe y seguimiento de Jesucristo que es fruto de su propia voluntad.

 

Después de haber sido curado por la mano de Jesús, el hombre ciego de nacimiento lo hizo caso cumpliendo con todo lo que el Señor le había exigido.  Aquel hombre no abandonó a Jesús mucho menos lo traicionó como otros hombres que fueron curados por el gran Sanador de almas y cuerpos sino volvió a creer en Jesucristo y seguirlo.

 

La historia nos muestra la importancia y el poder de la voluntad de una persona cuando es inspirado e impulsado por la fe. En medio del abandono de sus padres y el acoso de los fariseos el hombre curado tuvo otra perspectiva: su propia dignidad y la bondad del Sanador. Las dos fuerzas lo convencieron de que había más – había un Salvador a buscar, creer y seguir.

 

Jesucristo tiene el poder y el deseo de curar y transformar vidas, pero no lo hace por la fuerza sino espera la respuesta de la persona. El busca la fe de la persona para que la curación sea completa y profunda; para que la curación en verdad dé gloria a Dios.

 

La invitación de Jesucristo es completamente abierta y espera una semejante respuesta. Podemos ver en el caso del hombre ciego de nacimiento que fue curado, que el agradecimiento es más grande que el egoísmo, el compromiso es más grande que el temor.

 

Padre fray Charles Johnson, O.P. <cjohnson@opsouth.org>