III Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

Jonás 3, 1-5. 10 / Salmo 24 / 1 Corintios 7, 29-31 / Marcos 1, 14-20

 

“Dentro de cuarenta días Nínive será destruida.” …. “El tiempo apremia” “Porque este mundo que vemos es pasajero” ….  “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio.” Escuchamos claramente en cada lectura un tema importante: La urgencia.

 

Urgencia: El mensaje del Evangelio y la cercanía del Reino de Dios y el llamado de Cristo instando la gente a la conversión. San Pablo resaltando la realidad de que nuestra vida pasa y que el tiempo no se detiene y que la conversión nos urge porque se trata de vida y muerte. El profeta Jonás pregonando con insistencia la destrucción como resultado de la mala vida. En cada lectura no cabe duda, los asuntos mundanos son secundarios en comparación a las exigencias del seguimiento de Jesucristo y la eternidad.

 

En la lectura del Evangelio según san Marcos, los primeros apóstoles dejaron las redes de inmediato al escuchar el llamado de Jesús. Fue tan importante e impactante. La decisión de seguirlo no fue tomar una decisión basada sobre una promesa de un futuro seguro sino fue arriesgarse todo por la propuesta de alguien – Jesús - que no podían resistir.

 

Al mismo tiempo, dejaron la vida del pescador, no para aventurarse sino para seguir a Jesucristo. Él no les dio garantías de seguridad sino la promesa de salvación. Jesús no les llamo a una vida llena de lujos y fama, pero de servicio y sacrificio.

 

Podemos discernir una tensión entre la urgencia del Evangelio y la paciencia de Dios. Los dos aspectos no son contradictorios pues ambos hablan del Señor y su manera de actuar en nuestro entorno. Encontrar y experimentar la salvación es fruto de estar en relación con Dios por medio de un caminar tras las huellas de Jesucristo que puede parecer ser largo y difícil y que exige mucha paciencia y al mismo tiempo nos urge porque se trata de nuestro destino y nos reta a descubrir la verdad de Dios y de nuestra humanidad.

 

Yo propongo que semejante tensión entre la urgencia y la paciencia y el equilibrio de estos dos aspectos que debemos mantener es como un eje central de la vida cristiana. Pues en el Señor Jesús encontramos ambos y son necesarios según las exigencias de nuestra fe en cada momento.

 

La vida cristiana es como una aventura porque nos exige dejar a un lado nuestro egoísmo y aprender a aceptar y poner en práctica la voluntad de Dios. Sin embargo, a veces la aventura nos requiere esperar y escuchar al Señor y en otros momentos debemos ponernos en camino resistiendo la inercia y la comodidad. 

 

En el principio y al final, la voluntad de Dios es muy clara: en cada instante nos llama al amor - amar como Jesucristo nos ha ensenado amar. En su bondad encontraremos descanso y paz y recibiremos las fuerzas y la razón para avanzar y no perder el tiempo.