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02.16.2020

Eclesiástico 15: 16-21

1 Corintios 2: 6-10

Mateo 5:17-37


En el relato del Evangelio hoy, escuchamos a Jesús afirmando la ley de Moisés, pero explicando que el verdadero cumplimiento consiste en la creación de una comunidad de respeto y justicia.  La ley y los profetas crean una estructura que permite comunicación entre Dios y la humanidad.  La ley indica como debemos tratar a los demás para cumplir con la voluntad de Dios aquí en la tierra. En su enseñanza Jesús pone énfasis en lo importante, mientras critica los aspectos de la ley que los hombres usan para su propio interés. 

Sabemos que en muchas oportunidades Jesús critica a los escribas y fariseos porque ellos usaban la ley para darse importancia y para oprimir a los demás.  Aquí Jesús dice que el propósito de la ley es el bien de la comunidad.   No es solamente evitar los pecados graves como matanza y robos.  Es cuestión de los sentimientos del corazón: el envidio, el enojo, el desprecio, el odio. El pecado grave empieza en los sentimientos interiores.  Entonces, Jesús insiste en que sus seguidores examinen su vida interior.  Si la comunidad va a trabajar junto para el bien de todos, no puede existir rivalidades que destruyen la paz.

No es tan difícil evitar los pecados graves mencionados en la ley.  Es mucho más difícil seguir los directivos acerca de perdón y harmonía.  Por ejemplo, en la vida diaria, puede surgir desacuerdos acerca de propiedad, de posiciones de influencia, de trabajos, de herencia, de oportunidades de viajar, y mucho más.   Uno que toma en serio las palabras de Jesús debe tratar de solucionar estas diferencias antes que lleguen a peleas grandes.  Es especialmente importante si el desacuerdo existe dentro de la familia.

Una enseñanza aún más difícil trata de ofrecer un sacrificio en el altar.  Jesús dice que si uno que está en camino al templo recuerda que su hermano tiene algo en contra de él, hay que reconciliarse con el hermano antes de seguir con la ofrenda.  Sabemos que es fácil ignorar nuestra parte en las peleas de la vida y venir a la misa como si nada estuviera mal.  Pero si guardamos rencor y rechazamos los pasos a la paz, el sacrificio no sirve a nuestro bien. 

Esta parte del Sermón de Jesús es un mensaje fuerte para nosotros.  Es una directiva que nos puede guiar durante toda la vida: conocerse.  Hay que entrar en nuestra mente para examinar nuestros motivos.  Hay que entrar en nuestro corazón para reconocer los sentimientos que queremos esconder de otros.  Es solamente cuando podemos admitir la verdad acerca de nuestra vida que podemos pedir la ayuda de Dios para cambiar y poner nuestra parte en la creación del reino de Dios.    

El Dios de la moralidad es nuestro salvador misericordioso.  Jesús vino para reconciliar el mundo a sí mismo.  Solo quiere que seamos fiel a la gracia bautismal que llena nuestra alma si estamos abiertos a la presencia del Espíritu Santo.  Jesús nos ofrece sus palabras para ayudarnos a captar la plenitud de la vida. 


"Sr Kathleen Maire  OSF"  <KathleenEMaire@gmail.com>


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